sion con un enorme ramillete de flores en la ma no igual al que doscientos veinte y un años mas tarde Mr. de Robespierre llevaba á la fiesta del Ser Supremo, Con la diferencia de que el escelente presidente en lugar del corazon henchido de odio y resentimientos ambiciosos del tribuno francés llevaba en su pecho una flor no menos inocente que la mas inocente de las que tenia en la mano. En una palabra, aquel honrado ciudadano se habia esforzado por igualarse á su flor favorita por la elegancia severa de su traje y verdaderamente lo habia conseguido..
Detrás de esta comision, matizada como un prado, perfumada como una primavera, veíapse las corporaciones científicas de la ciudad, los magistrados, los militares, los nobles y los plebeyos. El pueblo, aun entre los republicanos de las Siete Provincias, no era admitido á ecupar —un puesto en aquella procesion y se habia formado en hilera, lo cual le permitia ver mucho mejor, En la plaza no se trataba acerca del triunfo de un Pompeyo, ni de up César: no se celebraba la derrota de Mitridates, ni la conquista de las Galias. La procesion desfilaba dulcemente como un rebaño de carneros en la tierra, é inofensiva como el vuelo de una bandada de pájaros en el aire.
En Harlem no habia mas triunfadores que sus jardines. Adorando á las flores, Harlem rendia culto al florista.
En medio del pacífico.cortejo, veíase el tulipan negro sobre unas angerillas cubiertas de terciopelo blanco bordado de oro. Llevaban las barras El Tulipan Negro.—Tomo III.