Y al pronunciar estas palabras el príncipe echó una mirada escrutadora hacia las tres estremidades del triángulo para ver el efecto que producian.
Boxtel se habia lanzado violentamente de la grada.
Cornelio hizo un movimiento involuntario.
Por último el oficial que custodiaba á Rosa la condujo y la colocó delante del trono.
Un grito prolongado se oyó entonces á derecha é izquierda del príncipe.
Boxtel y Cornelio esclamaron á la vez: Rosa!
Rosa!
—Joven, dijo Guillermo dirigiéndose á la bella frisona, este tulipan os pertenece; ¡no es ver dad?
—Sí, monseñor, respondió Rosa en tono balbuciente cuando aau continuaba el murmulio universal que acababa de saludar á tan intere sante belleza.
—Oh! murmuró Cornelio, mentia cuando me dijo que se lo habian robado. Para esto se ha eacupado de Loewestein! Dios mio! Olvidado, vendido por ella, por Rosa, á quien creia mi mejor amiga!
—Oh! suspiró Boxtel; soy perdido.
—Este tulipan, prosiguió el príncipe, llevará el nombre de su inventor y se inscribirá en el catálogo de las flores con el nombre de tulipa negra Rosa Barlensis, á causa del nombre de Van Baerle, que será su esposo desde hoy.
Y al mismo tiempo Guillermo tomó la mano.de Rosa y la unió a la de un hombre que acababa de lanzarse pálido, conmovido y loco de alegría al pié del trono.