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Página:El tulipán negro II (1851).pdf/11

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—Que mal hay en eso? que me prohibiria volver nunca aquí, dijo la jóven.

Cornelio recibió esta cándida confianza con una sonrisa. Parecíale que un rayo de felicidad se traslucia al través de su desgracia.

—Eh! ¿Qué estais diciendo entre dientes los dos? dijo Griphus levantándose y sosteniendo el brazo enfermo con el sano.

—Nada, respondió Rosa; el señor me prescribe el régimen que debeis seguir.

—¡El régimen que yo debo seguir! ¡eh! vos tambien, hermosa, teneis que seguir un régimen.

—¿Cual es, padre mio?

—El de no venir al cuarto de los presos, ó cuando lo haceis el de salir lo mas pronto posible. Vamos pues, presto, por delante de mí.

Rosa y Cornelio cambiaron una mirada.

La de Rosa queria decir:

—No desesperemos.

La de Cornelio:

—Cúmplase la voluntad de Dios.

II.

El testamento de Cornelio VAn Baerle.

Rosa no se habia engañado. Los jueces fueron al dia siguiente al Buytenhoff á interrogar á Cornelio Van Baerle. Et interrogatorio no fué largo; de él resultó averiguado que Cornelio habia te-