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Página:El tulipán negro II (1851).pdf/28

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sinuo levantar por manos bastante suaves y bien pronto se encontró sostenido por sus piés, un poco vacilantes.

Volvió á abrir los ojos.

Una persona leia algo a su lado en un gran pergamino con un gran sellu de cera rojs.

Yel uisino sol, amarillento y pálido como conviene á un sol holandés, lucia entonces en el cielo, y la misma ventana eurejada te miraba de lo alto de Buy tenhoff, y los mismos pillos, no ya abutando sino embobados, le miraban desde la plaz fuerza de abrir los ojos, de mirar y de escuchar Vas Baerle comenzó á comprender: Que mouseñor Guillermo, príncipe de Orange, teniendo sin duda que las diez y siete libras de sangre, onzas mas o menos, que Van Baerle tenia en el cuerpo hiciesen rebosar la copa de la justicia divina se habia dejado conmover por su carácter y las apariencias de inocencia, en consecuencia de lo cual Su Alteza le perdonaba la vida. He aquí porqué la espada, que se habia Jevantado con un refl jo siniestro, habia volteado tres veces al rededor de su cabeza como el pájaro fúnebre al rededor de la de Turno, pero no habia caido sobre su cabeza y habia dejado intactas las vértebras.

Ile aquí la razon de no haber esperimentado dolor ni sacudimiento, y porqué el sol continua—ba sonriendo, aunque de un modo bastante triste, en la bóveda celeste.

Cornelio, que habia esperado ver á Dios y al panorama tulipico, quedó en verdad algo chas queado, pero se consoló fácilmente, esperando