mo juez sino el último heredero del senten: ciado.
Esta circunstancia bizo nacer una nueva idea en la imaginacion de Boxtel.
Mientras tanto se habia pronunciado la sentencia. Isaac pues no tenia tiempo para sobornar á nadie y aprovechando la idea de Rosa se dirijió en busca del verdugo.
Isaac no dudaba que Cornelio muriose con sus tulipanes estrechados en el pecho.
En efecto Boxtel no podia adivinar dos cosas: Rosa, ó, lo que es lo mismo, el amor.
Guillermo, es decir, la clemencia.
Sin Rosa y sin Guillermo eran exactos los cálculos del envidiose.
Sin Guillermo, Cornelio moria indudablemente.
Sin Rosa Cornelio moria con sus tulipanes en el pecho.
Boxtel fué pues en busca del verdugo, se dió á conocer como un gran amigo del sentenciado y compró toda la ropa del futuro ejecutado por la suma algo exorbitante de cien florines, á escepcion de las alhajas de oro y plata, que serian propiedad del ejecutor.
Pero qué era una cantidad de cien florines para un hombre que estaba casi seguro de adquirir por esta suma el premio de la sociedad de Harlem?
Era un dinero prestado á mil por uno, lo que en verdad era un negocio muy decente.
El verdugo por su parte poco tenia que hacer para ganar los cien florines. Concluida la ejecuEl Tulipan negro.—Tomo IL