Así pues Cornelio viviria, iria á Loewestein,.
Hevaria sus cebollas á la prision, donde tal vez encontraria un jardin, donde llegaria á florecer el tulipan negro.
Hay ciertas catástrofes que la pluma de un pobre escritor no puede describir y que deben dejarse á la consideracion de los lectores con lasimple enunciacion del hecho.
Boxtel, pasmado, cayó de la pila de la fuente sobre algunos orangistas descontentos del sesgoque acababa de tomar el negocio, los cuales pensando que los gritos de Boxtel eran manifestaciones de alegría descargaron sobre él una lluvia de puñetazos que no hubieran sido mejor admi; nistrados por los mismos ingleses..
Pero qué podiaa añadir algunos golpes mas al: dolor que Boxtel esperimentaba?.
Quiso correr entonces tras el carruaje que se Ilevaba á Cornelio con sus cebollas. Pero cegado por la cólera no vió una piedra que habia al paso, tropezó, perdió su centro de gravedad y rodó como unos diez pasos, y no pudo levantarse siuo estropeado y desollado despues que casi todo el populacho de la Haya le babia pisoteado las costillas.. En viata de tanta desgracia,.despechado y fuera de sí, Boxtel comenzó á. arrancarse los cabellos y los arrojó en holocausto, como ofrenda agradable sin duda á esa divinidad feroz é insensible llamada Envidia, cuya cabeza estárodeada de serpientes.
Por fortuna se engañaba el bueno de Van Baerle. Dios, que cuando marchaba al cadalso.
Je habia mirado con la sonrisa de un padre,.lereservaba en el mismo recinto de la prision, ema