Volvió á la tarde, pero sin haber dejado el biHete. Lo conservó así por espacio de cinco dias, con gran chasco primero y luego con gran deseperacion de Van Baerle. Finalmente, el sesto volvió sin el billete.
Van Baerle dirijia la esquelita á su nodriza, Ja vieja frisona, y suplicaba á las almas caritativas que lo encontrasen se lo entregasen del modo mas seguro y pronto posible. En la esquela dirijida á su nodriza iba un billetito para Rosa.
Dios permitió que la carta llegase á manos de la nodriza y fué del modo siguiente: Al abandonar Isaac Boxtel á Dordrecht, y por consiguiente su casa, su criada y su observatorio, habia abandonado tambien sus palomas.
El criado, á quien había dejado sin salario, comenzó á consumir sus ahorros y muy luego tavo necesidad de echar mano de las palomas pa ra mantenerse, lo que hizo que emigraran de la casa de Boxtel á la de Van Baerle.
La nodrizá era una buena mujer que no podia vivir sin amar alguna cosa y desde enton.cea se dedicó á cuidar de aquellos pichones que le pedian hospitalidad, y cuando el criado de Boxtel reclamó los doce ó quince que aun restaban para comérselos, como habia hecho ya con otres tantos, ella le ofreció comprárselos, á lo que se avino prontamente el vendedor.
La nodriza se halló pues legítima propietaria de las palomas del envidioso. Entre ellas habia algunas que en su peregrinacion visitaban la Haya, Loevestein y Rotterdam.
La casualidad, ó mas bien Dios, á quien ve mos en todas las cosas, hizo que Cornelio cógiera justamente una de estas.