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Página:El tulipán negro II (1851).pdf/43

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señor Griphur, porque no os comprendo.

—Sí. Si hubiérais quedado en el tajo del amigollarbruck....

—Y bien?

—No sufririais ya mas, mientras que aquí no quiero ocultaros que os voy á hacer sufrir mucho.

Gracias por la promese, maese Griphus.

Y mientras que el prisionero sonreia irónicamente al viejo carcelero, Rosa, detrás de la puerta, le respondia con una mirada llena de angelieal consuelo.

Griphus fué hacia la ventana.

Alumbraba aun bastante el dia para poder distinguir un horizonte inmenso que se perdia en la oscuridad.

¿Qué vista se alcanza desde aquí? preguntó el carcelero.

¡Ah! muy hermosa, dijo Cornelio mirando á Rosa.

—Sí, sí, mucha vista, demasiada.

En aquel momento las dos palomas, espantadas á la vista y mas que todo por la voz de aquel desconocido, salieron de su nido y desaparecieron espantadas en medio de la niebla.

—Ola, ¿qué es eso? preguntó el carcelero.

—Mis palomas, respondió Cornelio..

—Mis palomas? esclamó el carcelero, ¡mis palomas? Puede tener algo un preso? He aquí ya una contravencion: palomas! Ah! jóven, os prevenge que mañana á mas tardar les daré nepultura en mi puchero.

—Seria preciso que antes las cogiérais, señor Griphus, dijo Van Baerle. No quereis que sean