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Página:El tulipán negro I (1851).pdf/19

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rarme y doy media vuelta al instante, porque me aburro aquí estraordinariamente.

Sí, sí, gritaron cien voces que se multiplicaron al momento por otras tantas; vamos á la casa capitular! Vamos á ver á los diputados!

Vamos! vamos!

—Sí, murmuró Tilly mirando alejarse á aquelos energúmenos, id á pedir una vileza á los diputados y vereis si se os concede; andad, amigos mios, andad, El pundono roso oficial contaba con el honor de los magistrados, como estos por su parte habian contado en Tilly con el honor del soldado.

Me parece, capitan, murmuró al oido del conde su primer lugar teniente, que accedan ó no los diputados no estará de mas que nos envien un poco de refuerzo.

Entretanto Juan de Witt, á quien hemos dejado subiendo la escalera de piedra, habia llegado á la puerta del aposento donde yacía sobre un colchon su hermano Cornelio, despues de haber sufrido la tortura preparatoria por orden del procurador fiscal, siendo ya inútil, á causa de la sentencia de destierro, la aplicacion de la tor tura estraordinaria.

Cornelio, tendido en un lecho de dolor, con las muñecas rotas, los dedos destrozados, sin haber confesado un crímen que solo existia en la cabeza de los orangistas, acababa en fin de respirar, al cabo de tres dias de sufrimientos, al saber que los jueces, de quienes no esperaba sino la muerte, solo le condenaban al destierro.

Aquel cuerpo enérgico, aquella alma invencible hubiera concluido por desarmar enteramen-