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Página:El tulipán negro I (1851).pdf/22

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Esa habrá sido entonces la causa de los gritos que se oian ahora poco, dijo el prisionero como hablando consigo mismo.

Despues, volviéndose á su hermano, preguntó: —Hay mucha gente en Buitenhoff?

—Sí, hermano mio.

—Pero entonces para venir aquí....

—Y bien?

—¿Como te han dejado pasar?

—Tú sabes que aun tenemos simpatías, dijo el gran pensionario con amargura. Yo me he dirijido por las calles mas estraviadas....

—Tú te has ocultado, Juan?

—Tenia determinado unirme contigo sin pérdida de tiempo y he hecho lo que se hace en po lítica y en el mar cuando el viento es contrario.

En aquel momento el ruido subia mas furioso de la plaza á la prision. Tilly hablaba con la guardia miliciana.

¡Oh! job! dijo Cornelio, eres verdaderamente un gran piloto, Juan; pero yo no sé si sacarás á tu hermano de Buitenhoff con esta marejada y sobre los escollos populares tan dichosamente como condujiste la flota de Tromp á Amberes en medio de los bajos del Escalda.

—Con la ayuda de Dios, Cornelio, lo intentaremos al menos, respondió Juan; pero escúchame.

—Habla.

Los clamores se oyeron de nuevo.

¡Oh! como se encolerizan esas gentes! ¿Será contra mí todo su encono?

—Creo que será contra los dos, Cornelio. De-