hido en su escalera, descubrió en el jardin de Kan Baerle tulipanes que le cegaban por su beHeza y le sofocaban por su perfeccion!
Entonces, despues del periodo de admiracion á que no podia resistir, sufria la fiebre espantoRa de la envidia, de ese mal que destroza el pecha y cambia el corazon en un número infinito de pequeñas serpiente, que se devoran unas á otras, produeiendo horribles do'ores.
Cuantas veces en medio de sus tormentos, imposibles de describir, tuvo Boxtel tentaciones de saltar por la noche al jardin y destruir Ins plantas, devorar las cebollas con los dientes y sa crificar á su cólera al cultivador mismo si se presentaba á defender sus tulipan Pero matar un tulipan es un espantoso crímen á los ojos de un verdadero horticultor.
Matar un hombre pase.
Sin embargo gracias á los progresos que cada dia bacia Van Baerle en la ciencia, que pareciaadivinar por instinto, Boxtel llegó á un estremo tal de furor que intentó lanzar piedras y palsfos tulipanes de su vecino.
Pero como reflexionara que al dia siguiente á la vista del destrozo Van Berle duria parte, que se probaria la distancia de la calle, que piedras y palos no caian del cielo en el siglo XVII como en tiempo de lus, amalecitas, que el autor del crí men, aunque lo hubiese ejecutado de noche, eeria descubierto, y no solo castigado por la ley sino deshonrado para siempre á los ojos de la Europa tulipanera, B. x el aguzó la astucia con el odio y resolvió emplear un medio que no le comprometiese..