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Página:El tulipán negro I (1851).pdf/74

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Jamás ningun criado hubia puesto en él ub pié audaz, como hubiera dicho el gran Racine, que á la sazon florecia. Solo penetraba en él la escoba inofensiva de ana vieja criada frisona, su nodriza, quien desde que su amo se habia consagrado al culto de los tulipanes no se atrevia á echar cebollas en los guisados por temor de mondar y suzonar algun Dios de su hijo de leche.

Así al nombre solo de "secadero de los tulipanes" los sirvientes que llevaban las velas se a partaron respetuosamente. Cornelio mó las bugías de las manos del primero y guió á su padrino al cuarto.

Conviene manifestar que aquel aposento era el mismo gabinete guarnecido de cristales donde Boxtel asestaba contínuamente su telescopin.

El envidioso estaba como siempre en su paesto. Vió desde luego iluminarse las paredes y vidrieras. En seguida aparecieron dos sombras.

Una de ellas, alia, majestuosa, severa, toro 8siento junto á la mesa en que Cornelio habia colocado la bugin.

En esta sombra reconoció Boxtel el semblante pálido de Corbetio de Witt, cuvos largos ca bellos negros cain sobre sus hombros.

El Ruart de Pollen despues de haber hablado con Corneho algunas palabras cuyo sentido no pudo comprender el envidioso por el movimiento de los labios sacó del pecho un paquete blanco, cerrado cuidadosamente, que entregó & su ahijado, y el cual Boxtel, segun el modo con que Cornelio lo tomó depositó en su ar: