B0 Y Cornelin se deleitaba con su contemplacion, absorbiéndose en los mas dulces sueños de su fantasía. De repente la campanilla de su gabinete sono con mas violencia que de costumbre. Cornelio se estremeci, estendió su mano sobre las cebollas y volviéndose preguntó: —Quien va ahí?
—Señor, respondió el criado, es un mensagero de la Haya.
—Un mensagero de la Haya?.... Qué quiere?.....
—Es Cracke.
—Craeke? el criado de confianza de Mr. Juan de Witt? Bueno, que espere.
—No puedo esperar, dijo una voz en el corredor.
Al mismo tiempo empujando la puerta se precipitó Cracke en el secadero de los tulipanes.
Esta aparicion casi violenta era una infraccion tal de las costumbres establecidas en casa de Cornelio Van Baerle que este al ver á Craeke precipitarse en su aposento hizo un movimiento casi convulsivo con la mano que cubria sus cebolletas, echando á rodar dos de ellas, una bajo una mesa que estaba inmediata y la otra hasta la chimenea.
—Diablos! dijo Cornelio precipitándose en busca de sus cebolletas: ¿qué traes, Cracke?Traigo, señor, respondió este, un papel para que lo leais sin perder un momento.
Y Craeke, que habia creido observar en las calles de Dordretcht los síntomas de un tumulto semejante al que acababa de ver en la Haya, desapareció sin volver la cara.