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delirio, envuelta en el blanco arrebol de la caliche del muro. Las alucinaciones se relacionaban con lo que más preocupaba a Benites en el mundo tangible, tales como el desempeño de su puesto en las minas, su negocio en sociedad con Marino y Rubio y el deseo de un capital suficiente para ir a Lima a terminar lo más pronto sus estudios de ingeniero y emprender luego un negocio por su cuenta y relacionado con su profesión. En el delirio vio que el comerciante Marino se quedaba con su dinero y le amenazaba pegarle, ayudado por todos los pobladores de Quivilca. Benites protestaba enérgicamente, pero tenía que batirse en retirada, en razón del inmenso número de sus atacantes. Caía en la fuga por escarpadas rocas, y, al doblar de golpe un recodo del terreno fragoso, se daba con otra parte de sus enemigos. El susto le hacía entonces dar un salto. El Corazón de Jesús entraba inmediatamente en el conflicto y espantaba con su sola presencia a los agresores y ladrones, para luego desaparecer súbitamente, dejándole desamparado, en el preciso momento en que míster Taik, muy enojado, le decía a Benites:

 – ¡Fuera de aquí! ¡La "Mining Society" le cancela el nombramiento, en razón de su pésima conducta! ¡Fuera de aquí, zamarro!

 Benites le rogaba, cruzando las manos lastimeramente. Míster Taik ordenó a dos criados que le sacasen de la oficina. Venían dos soras sonriendo, como si escarneciesen su desgracia. Le cogían por los brazos, arrastrándole y le propinaban un empellón brutal. Entontes, el Corazón de Jesús acudía con tal oportunidad, que todo volvía a quedar arreglado. El Señor se esfumaba después en un relámpago.

 Benites, poco después, sorprendía a un sora robándole un fajo de billetes de su caja. Se lanzaba sobre el bribón, persiguiéndole, impulsado