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¿Que quería decir esta manera brusca de cerrar la puerta? José se dijo que se trataba de un signo tácito, con el cual Laura quería indicarle que pensaba en él y que la noche era propicia a los idilios. Mateo dudaba entre esto que se decía José y la idea de que, con aquel portazo, Laura trataba, por el contrario, de significarle a él, Mateo, su decisión resuelta e inalterable de guardarle fidelidad. Pero José ya no podía contener sus instintos. Se dio una vuelta violenta en la cama. Después se oyó el ruido del colchón de paja, cuando el joven cuerpo de la cocinera cayó y se alargó sobre él. El deseo poseyó entonces por igual a ambos hombres. Los lechos se hacían llamas. Las sábanas se atravesaban caprichosamente. La atmósfera del cuarto se llenó de imágenes... José y Mateo Marino se hallaron, un instante, de espaldas uno al otro, sin saberlo...

 Mateo saltó de repente de su cama, y José, al oírle, sintió que le subía la sangre de golpe a la cabeza. ¿Dónde iba Mateo? Un celo violento de animal poseyó a José. Mateo tiró suavemente la puerta y salió descalzo al corredor. Mateo sabía que su hermano lo estaba oyendo todo, pero él era, al fin y al cabo, el dueño oficial de esa mujer, y el deseo le tenía trastornado. José oyó luego que Mateo rasguñaba la puerta de la cocina, rasguño en el que Laura reconoció a su amante de todos los días. La rabia le hacía a José castañetear los dientes, de pie y pegada la oreja a la puerta del dormitorio fraternal. ¿Abriría Laura? Esta misma vaciló un instante en abrir. Hasta el propio Mateo dudó de si Laura le recibiría. Mas, al fin, habló y triunfó en la cocinera el sentimiento de esclavitud al patrón de "asiento". Cuando ya Laura empezó a deslizarse lentamente del colchón de paja, de puntillas y en la oscuridad, Mateo, a quien la de