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 —¿Pero cómo vas a saberlo? —repetía José imperiosamente.

 Laura iba a responder un disparate, pero se contuvo. No. El hijo no podía ser de los dos hermanos Marino. Un hijo tiene siempre un solo padre. La cocinera, sintiéndose en el colmo de su terrible incertidumbre, lanzó un sollozo entrañable y desgarrador. José salió y cerró la puerta silenciosamente.

* * *

 Al otro día, a las diez de la mañana, los hermanos Marino fueron a ver al subprefecto Luna, por el asunto de los peones. Cuando llegaron a la subprefectura, Luna acababa de afeitarse.

 —Antes que nada —dijo el viejo subprefecto, en tono campechano— van a probar ustedes lo que es rico ....

 Sacó de la otra pieza una botella y unas copas, añadiendo alborozado:

 —Adivinen ustedes de dónde viene ....

 —¿Del chino Chank?

 —No, señor —exclamaba Luna, sirviendo él mismo el pisco.

 —¿De la vieja Mónica?

 —Tampoco.

 —¿De casa del juez?

 — Menos.

 José tomó la primera copa y dijo, saboreándose:

 —¿Del cura Velarde ?

 — ¡Eso es!

 — ¡Pero es estupendo!

 — ¡Formidable!

 — ¡Cojonudo!

 A la tercera copa, Mateo le dijo al subprefecto: