Página:En defensa pròpia (1895).djvu/13

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mi entendimiento y queden justificadas las violencias, sabidas é ignoradas, pudiendo decir a mis defensores:-Véase ahora si era de razón recluirlo.
No he tenido la obediencia de Isaac, entregándome, atado de brazos, á un sacrificio inútil; porque en aquel caso la voz divina lo aconsejaba, y en el presente la voz de Dios, ó la de la conciencia, que es lo mismo, me impide obedecer. No, muy al contrario: antes de entrar donde se pretende y de dejarme enterrar en vida, firmaré mi sentencia de muerte.
Pues ahora, viendo que por no prestarme al sacrificio se me castiga retirándome las licencias de celebrar la santa misa, unico consuelo que en este valle de miserias tenía; viendo que mis perseguidores son altos y poderosos, que tienen todas las influencias, sobre todo la del oro, bajo las cuales este humilde sacerdote podría quedar aplastado como un grano de trigo por la muela; no quedándome otro camino, yo mismo voy á defenderme, con la ayuda de Dios, descorriendo el velo y revelando, con toda su desnudez, este misterio de iniquidad.
Contaré breve y respetuosamente mi entrada, mi permanencia y sobre todo mi salida de la casa del mal aconsejado señor Marqués de Comillas, de aquella casa donde, en premio de haberles dedicado, con la flor de mi juventud, el poema La Atlántida, flor de mi existencia, al verme viejo se me echa, como á un perro, de un puntapié. A un perro no se le destierra, pero se le hace cosa peor: se dice que está hidrófobo: Si quieres mal á un perro, di que es rabioso (si vols mal a un goç, digas qu'és rabiós). Inspirándose en este adagio, hiciéronme una y otra cosa, lanzándome á diez y seis horas de distancia, para que no contaminara la casa ni sirviera de estorbo á los devotos que la rodean con la boca abierta, injuriado, calumniado, en la miseria, con las deudas naturales después de tantos años de ejercer el cargo de limosnero, y, por último, adornado con la nota que no es del caso repetir, á fin de inutilizarme para toda la vida, como si oprimir y pisotear á un pobre, máxime si este pobre es ministro de Dios, no fuese un pecado contra el Espíritu Santo. Relataré mi estancia en el Santuario de la Virgen de La Gleva, única estrella que aparecia