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ENEIDA.


CXXXVIII.

No armados todos van de firme hoja,
Ni hacen ellos sonar carro y escudo:
Gente es que en balas pardo plomo arroja;
Algunos blanden doble dardo agudo:
De piel de lobo capellina roja
Les defiende la sien: de cuero crudo
Lleva el derecho pié cerrada abarca;
Desnudas huellas el izquierdo marca.

CXXXIX.

Gran domador de potros vino luégo
Mesapo, el hijo de Neptuno: el hado
Le protege, y ni á espada ni con fuego
Su sacra vida vulnerar es dado.
El á su pueblo, en secular sosiego
A pacíficas artes avezado,
A la guerra de súbito apellida,
Empuñando el primero arma homicida.

CXL.

Forman la multitud que le acompaña
Los que el suelo Falisco y Fescenino,
Los que el alto Soracte, y la campaña
Flavinia, y lago y bosques de Cimino
Tratan, y de Capena la montaña.
Más que terrestre, ejército marino,
No de hombres, sino de aves le creyeras,
Movidas con estruendo á las riberas.