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VIRGILIO.


VI.

Es de noche: en los árboles y en tierra
Mudas yacen las aves y ganados;
Letárgico placer sus ojos cierra.
En tanto Enéas, presa de cuidados,
Lleno del pensamiento de la guerra,
Rindió á tardío sueño los cansados
Miembros, del cielo bajo el dombo frio,
En las amenas márgenes del rio.

VII.

Y hé aquí de entre la plácida corriente
Y pompa de los álamos umbría
Al Dios que guarda el Tibre, el Rey durmiente
Vió alzarse venerable, y que vestía
Cendal verdoso, y en su anciana frente
A las húmedas crines retejía
Oscuras juncias. Habla, y de esta suerte
Consuelo el Númen y esperanzas vierte:

VIII.

«¡Hijo de diva estirpe soberana,
Salve! tú, que arrancada al enemigo
Nos restituyes la ciudad troyana,
Y á Pérgamo inmortal llevas contigo!
Ya sus muros á tí Laurento allana,
Y á tí sus campos abre el Lacio amigo.
Nada temas de próximos combates;
Que patria al fin tendreis tú y tus Penates.