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VIRGILIO.


XXXVI.

Y jóvenes selectos, y del ara
Canos ministros, traen en seguida
Entrañas que el divino friego asara,
Cestas do con su dón Céres convida,
Tazas do su caudal Baco depara.
Enéas y su guardia, allí tendida,
Lomos de un buey entero, trozos hacen,
Y consagrados intestinos pacen.

XXXVII.

Calmada el hambre, que ávida devora,
Evandro dijo así: «No rito vano,
No vil supersticion, despreciadora
De antiguos dioses, fué, huésped troyano,
Quien el solemne altar que ves ahora
Y estas mesas alzó por nuestra mano;
Fué justa gratitud: piadoso culto
Rendimos, salvos ya de fiero insulto.

XXXVIII.

«¿Ves esa roca en peñas sustentada
Y tanta piedra en torno desparcida,
Y desierta del monte la morada?
¿El estrago no ves que en su avenida
Hicieron recias moles? Tu mirada
Contempla la recóndita guarida,
El antro hondo de quien huésped era
Caco, mitad humano, mitad fiera.