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ENEIDA.


XLV.

«Murado el monstruo, el héroe que el camino
Le seguia, llegó de rabia insano;
Mira acá, torna allá, perdido el tino,
Los dientes cruje, y su furor es vano.
Él tres veces da vuelta al Aventino,
Tres veces él con vengadora mano
Entrada busca sin que modo halle,
Y tres rendido se sentó en el valle.

XLVI.

»El dorso coronando de la cueva
Hubo á dicha una roca agreste, aguda,
Que á los ojos altísima se eleva
De contornos simétricos desnuda:
Infausto alado ejército la aprueba
Porque á hacer nidos en su cumbre acuda;
Y ella propia hácia la onda tiberina,
Que á izquierda huyendo va, mira y se inclina.

XLVII.

«Fuerte y mañoso, por el diestro lado
Opuesto Alcídes al peñon, ensaya
Moverlo, y de raíz desencajado,
Ya sin que estorbos á sus fuerzas haya,
Empújalo: con eco prolongado
El aire en torno retumbó; la playa
Tiembla oprimida por la enorme piedra
Y medroso el raudal salta y se arredra.