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ENEIDA.


LVII.

De mancebos un coro, otro de ancianos,
De Hércules cantan los gloriosos hechos:
Cómo dejó con infantiles manos
Los dos gemelos áspides deshechos
Que envió su madrina; los troyanos
Cómo hundió luégo y los ecalios techos,
Y pruebas mil un dia y otro dia
Venció bajo agrio Rey y Diosa impía:

LVIII.

«Trajiste, invicto, al hierro de la muerte
Nubígenas biformes, Folo, Hileo:
Monstruos en Creta domeñaste fuerte,
Y entre sus rocas al leon Nemeo:
Tiemblan las aguas del Estigio al verte;
Y del Orco el guardian inmundo y feo
Tembló en su hórrido antro, donde allega
Huesos roidos que con sangre riega.

LIX.

»No se halló sombra que cejar te hiciera,
Ni áun Tifeo, y armado y corpulento,
Ni vió turbarse tu razon, la fiera
Hidra, al sitiarte con cabezas ciento.
¡Salve, prole de Jove verdadera!
¡Al coro divinal nuevo ornamento
A los tuyos, aquí, y al sacrificio
Vén con fáciles pasos, vén propicio.»