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ENEIDA.


LXIX.

Y la roca Tarpeya, en el camino,
De ahí, y el Capitolio Evandro enseña,
Hoy mole rica y oro peregrino,
Mustio collado ayer y áspera breña:
Aun entónces el vulgo campesino
Reverenciaba el bosque y tosca peña,
Tocado ya del religioso miedo
Que reina del sagrado sitio en ruedo,

LXX.

«¿Ese collado ves, que señorea
Frondosa cima?» dice Evandro; «mora
En ese bosque una deidad; cuál sea
El misterioso Dios sólo se ignora:
Al mismo Jove ya, cuando menea
La negra egida en diestra vengadora
Y á tempestad el cielo todo mueve,
Jura haber visto no una vez la plebe.

LXXI.

«Repara luégo este y aquel anciano
Monumento; esparcidos los pedrones
Contempla: ves reliquias de lejano
Imperio y de antiquísimos varones.
Una fundó Saturno y otra Jano
De esas dos arruinadas poblaciones;
anículo por ello ésta se nombra,
Y Saturnio apellido á aquélla asombra.»