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VIRGILIO.


LXXII.

Hablan; y ajena al esplendor del oro
Tienen delante la real morada;
Y donde asombran hoy Romano Foro
Y espléndidas Carenas, ven manada
Tranquila vagueando, y manso toro
Oyen mugir. Evandro, ya á la entrada,
«Pasando estos umbrales,» dijo, «Alcídes
Bajó la frente victoriosa en lides.

LXXIII.

«El tuvo por palacio el hogar mio:
Anímate, y tú mismo á un Dios te iguala;
Tesoros menosprecia, y sin desvío
Vén, huésped bueno, á una mansion sin gala.»
Dice; y entrando, con afecto pio
Da á Enéas corpulento estrecha sala,
Y en un lecho de hojas le reposa
Con piel cubierto de africana osa.

LXXIV.

Rueda entretanto, y con su sombra parda
La noche abraza al mundo. Y Vénus bella,
Que á punto mira de que en guerras arda
Laurento, el azorado afan que en ella
Trabaja, ya no enfrena, y más no tarda,
Y en el lecho de oro donde sella
Vulcano su aficion, frases enhila
En que miel de divino amor destila: