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ENEIDA.


XCIX.

»En justa indignacion toda se enciende
Etruria, y de rebato á la cuchilla
El cuello criminal traer pretende.
Tú á esos miles de bravos acaudilla,
¡Oh Enéas! te abriré camino; atiende:
Empavesada hervía ya en la orilla
La densa escuadra, cuando oyó de un vieja
Arúspice el fatídico consejo:

C.

«¡Meonia juventud, flor y corona
»De antigua raza! Apruebo que á Mezencio
«Siga el justo furor que le destrona,»
Dice, «mas en Italia no hay, sentencio,
»Tan gran pueblo á vencer, capaz persona;
«Buscad jefe extranjero!» Hondo silencio
Al divino pronóstico sucede,
Y aterrado el Etrusco retrocede.

CI.

«Hoy la acampada hueste á mí se fia:
Cetro, diadema, insignias imperiales
Con legados aquí Tarcon me envía,
Y que vaya me pide á sus reales
Y ejército gobierney monarquía.
Flojas mis fuerzas son á empresas tales,
Flacos mis hombros á tan grave carga,
Fria é inerte senectud me embarga.