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ENEIDA.


VI.

Calláronse las auras de repente,
Muda y sólida calma sobrevino;
Clavados en el mármol resistente
Bregan los remos por abrir camino.
Vido Enéas en esto un bosque ingente,
Y al Tibre, que por él al mar vecino,
Bullente en ondas, rojo con la arena,
Trae sus aguas en corriente amena.

VII.

Por cima allí y á par de las orillas
Cantan con dulce pico alborozadas
Y al bosque vuelan miles de avecillas
Que en la sombra recatan sus inoradas.
Holgóse Enéas, y mandó las quillas
Inclinar á las playas deseadas;
Y alegre de ocuparlas, al umbrío
Hospicio acude ya del bello rio.

VIII.

De los reyes del Lacio tú la lista
Muéstrame, Erato: lo que el Lacio era,
Tiempo es ya que presentes á mi vista,
Aun ántes que á sus playas extranjera
Nave arribase. Tú de la conquista
El origen descubre, y yoesa era
Yo esa historia marcial diré en mi canto,
¡Musa! si ya á mi voz concedes tanto.