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ENEIDA.


XXXVI.

Ítalo allí; y aquel que al italiano
Suelo trajo la vid, el buen Sabino,
A quien, áun hora, figurado anciano,
La corva hoz le asoma, autor del vino;
El gran Saturno y el bifronte Jano
Muestran, callando, su poder divino:
Otros reyes les siguen, con heridas
Marciales, por la patria recibidas.

XXXVII.

De antiguos triunfos testimonios mudos,
Hay en los sacros postes mil despojos:
Armaduras suspensas, penachudos
Yelmos, corvas segures ven los ojos:
Ven sin número allí dardos y escudos,
Ven de puertas grandísimos cerrojos;
Cautivos carros, y espolones graves
Quitados por valientes á las naves.

XXXVIII.

Pico, de potros domador ufano,
Con trábea corta, allí tambien se muestra;
Báculo quirinal tiene en la mano,
Sentado, y sacra adarga en la siniestra:
Pico, á quien ya, de ardor tocada insano,
Hirió con vara de oro maga diestra,
Circe, amanta cruel; con hierbas malas
Mudóle en ave y le pintó las alas.