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ENEIDA.


XLII.

»Fué de ésta, dicen, suya, á patria ajena;
Fué á las frigias ciudades, cabe el Ida,
Y de la tracia Sámos el arena
Honró, que hoy Samotracia se apellida:
Dejó á Corito y su mansion tirrena;
Y en el celeste alcázar ya le anida
Aureo solio que esmaltan luminares,
Y goza él, nuevo Dios, culto y altares.»

XLIII.

«Sangre ilustre de Fauno, gran Latino!»
Palabras tales respondió Ilioneo:
«No aquí impelida nuestra flota vino
Por rudo soplo en agitado ondeo;
Estrella no torció nuestrocamino,
Ribera no engañó nuestro deseo:
Trajo nuestros bajeles á esta rada
Concorde voluntad nunca arredrada.

XLIV.

»De la nacion mayor que peregrino
Viniendo de los límites de Oriente
El sol miraba, nos lanzó el destino.
Tiene en Jove principio nuestra gente;
La juventud dardania del divino
Abolengo se precia. A aquella fuente
El que á tí nos envía está cercano,
Hijo de Diosa, Enéas, Rey troyano.