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VIRGILIO.


LI.

«Que éste es,» se dice, «el anunciado yerno
Con quien mi cetro he de partir, medito;
El que hará de su raza el nombre, eterno,
Y de su imperio el ámbito, infinito.»
«Vos el augurio que feliz discierno,»
Exclama luégo con gozoso grito,
«Dioses, sellad, y coronad mi idea!
Troyano, en lo que á tí, cual pides sea.

LII.

«Ni menosprecio el dón. Miéntras Latino
Impere, no de fértiles terrenos
Opimos frutos, de Ilion divino
Magnificencias no echareis de ménos.
Y ¡oh! si unir con el nuestro su destino,
Si hospedaje leal, dias serenos
Anhela vuestro Rey, ¿por qué me niega
De verle el gozo, y ante mí no llega?

LIII.

«Ojos amigos le verán; y en muestra
De la alianza que firmar decido,
Estrecharé su diestra con mi diestra.
Id, y en mi nombre referidle, os pido,
Que una hija tengo que en la patria nuestra
Hallar no puede para sí marido;
Con profética voz glorioso abuelo,
Con visiones de horror lo impide el Cielo.