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ENEIDA.


LX.

»¡Á bien que de venganzas satisfecha
Yo, ó cansada de odiar, desistiría!
Luégo que el hado de Ilion los echa,
Prófugos restos, á la mar bravia,
Mi cólera en las olas los estrecha,
Les cierro á toda empresa toda via,
Y armada, último golpe, les afronto
Con las iras del cielo y las del ponto!

LXI.

»¿Qué me sirvió Caríbdis vasta, ó Scila,
Ni qué las Sirtes? La nacion troyana
Libre del mar, respecto á mí tranquila,
Ya el Tibre deseado ocupa ufana.
¡Y á los Lápitas fieros aniquila
Marte! ¡y en manos pone de Diana
Jove á los Calidonios por perdellos!
¿Cuál el gran crimen fué de éstos ó aquéllos?

LXII.

»¡Y yo, esposa de Júpiter, que empleo
Cuanto recurso da el furor; que ensayo
Cuanto plan dicta el odio, ¿qué granjeo?
¡Ser de Enéas vencida!... ¡Aun no desmayo!
Ajena mano, si en la lid flaqueo,
Irá á encender de mi venganza el rayo;
Y si el Cielo á mover mi voz no alcanza,
Empeñaré al Averno en mi venganza!