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VIRGILIO.


CV.

Y el campo se estremece y la arboleda,
Y atónita retumba selva anciana
En són profundo; y aunque léjos queda,
Oye el clamor el lago de Diana,
Y el Velino, y el Nar, que blanco rueda
Pues de vertientes sulfurosas mana;
Trémulas madres, al rumor del trueno,
Apretaron los hijos contra el seno.

CVI.

Corren al són de la bocina insana
Los rústicos, tomando armas á tiento;
Corre, á auxiliar á Ascanio, la troyana
Juventud en abierto campamento.
Ordénanse las haces: no es villana
Riña ya, ni se ostenta el ardimiento
Con macizas estacas ó tizones;
No; que blanden el hierro, y son legiones.

CVII.

Oscura miés de puntas encontradas
El campo cubre, y en dudosa liza
Reflejan en las nubes las espadas
Del sol los rayos. Tal primero eriza
El piélago sus ondas, y encrespadas,
Más y más cada vez se encoleriza,
Y encumbrándose, en fin, desde su asiento,
Esforzado amenaza al firmamento.