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Página:Eneida - Tomo I (1905).pdf/320

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VIRGILIO.


CXI.

«Perdon,» dice Deífobo, «si muevo
Tu enojo, profetisa soberana!
El número fatal que llenar debo
Torno á llenar doliente sombra y vana.
Tú vé en paz, gloriosísimo renuevo,
¡Oh luz, oh prez de la nacion troyana!
Goza suerte mejor que fué la mia.»
Y así diciendo á su ángulo volvia.

CXII.

Tornó Enéas á ver, y á izquierda mira
Cerrada una ciudad de triple muro
Al pié de una alta roca: en torno gira
Con lenguas Flegeton de fuego puro,
Y revuelca peñascos en su ira:
Frente, gran puerta, de diamante duro
Las jambas, cual ni de hombres quebrantada
Ni áun de Dioses lo fuera por la espada.

CXIII.

Férrea una torre despreciando el viento
Avánzase orgullosa: allí sentada,
Ceñida un manto de color sangriento
Guarda insomne Tisífone la entrada.
Ruido de barras, en aquel momento,
Y música de azotes despiadada
A oirse empieza, y voces de horror llenas,
Y el pesado arrastrar de las cadenas.