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Página:Escritos políticos, económicos y literarios - Florencio Varela.pdf/222

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séñense al hombre prácticas racionales y sencillas, que pongan en relacion con sa Creador la parte espiritual y pura de su ser; que eleven su razon al estudio contemplativo de las grandes máximas y verdades que dejó el fundador de nuestra relijion; y sus creencias llegarán á ser racionales é ilustradas. Pero habitúese, por el contrario, á los pueblos á prácticas fanátiticas ó supersticiosas, y sus creencias serán mezcladas de terrores vagos y sombrios, ó de groseros y repugnantes absurdos. Hágase; en fin—peor que todo eso que el pueblo sea testigo de prácticas de impiedad y sacrilejio, que mire á un hombre — sea cual fuere la majestad que revista—igualado en el culto exterior al Ser que no tiene igual; y ese pueblo perderá completamente toda idea relijiosa y moral, será bárbaro y feroz, siervo embrutecido del amo, á quien ha visto elevar á los altares.

Y este es el crimen de que Rosas se hizo culpable, pocos años hace, de un modo que se ha olvidado quizás entre tantos otros crimenes como despues ha cometido. A ningun tirano puede convenir un pueblo de creencias racionales y evanjélicas: ellas enseñan la igualdad civil, la libertad noble y elevada de la humana criatura; y no es el pueblo que eso aprende el que se humilla á la voluntad de un déspota. El fanatismo, la supersticion, ó la impiedad, son los auxiliares fieles de la tirania. Bien lo sabe Rosas, y por eso