Página:Esmeraldas (Cuentos mundanos).djvu/47

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acerqué al tronco añoso mirando encantado a mi prima Aurora desde abajo.

Fué en ese instante que noté la expresión picaresca de su carita rosada, coronada por cabellos de oro, finísimos; sus ojos azules que entre las hojas verdes se parecían a las campanillas silvestres que todas las mañanas recogíamos en los alrededores del invernáculo y su cuerpo gracioso en que se comenzaban a dibujarse sus formas, puestas más de relieve por el esfuerzo que hacía para mantenerse asida a las ramas.

Con la boca abierta la admiraba y su voz me sacó de mi admiración.

— ¡Dónde está el higo pues... Sonso!

— ¡Si no sé donde estaba!

— Quedaba arriba de dos gajos gruesos que se cruzan... ¿Pero que diablos miras?... Busca el higo.

Y tras largo rato de buscar, mi prima encontró la fruta que me había proporcionado el placer de verla en todo el esplendor de su belleza.

Era efectivamente un higo pintón.

*
* *

Cuando bajó del árbol, yo estaba encendido como una grana y no me atrevía a mirarla.