de las leyes que directamente van á favorecer á los individuos, ó servir de cortapisa á los excesos de los poderes del Estado. Tal cosa frecuentemente se observa con las garantías ó libertades constitucionales, ó con las leyes que establecen los juicios de responsabilidad; cuyas salvadoras disposiciones muchas veces han sido apartadas ó escandalosamente violadas, sin que nadie reclame contra tales infracciones, de tal manera que podría suponerse que esas leyes justas, liberales y buenas, las hemos escrito en nuestros códigos para que fuesen mero adorno, ó para que se nos juzgue por los extrangeros como pueblo civilizado.
Es doloroso reconocer la conveniencia y justicia de las teorías liberales más avanzadas, y encontrar que tales instituciones no pueden ser aplicadas á países ignorantes; y que por el justo principio de las mayorías del sistema representativo, que en balde hemos aclamado, se tengan que apartar por inadecuadas para esas mismas mayorías, las conquistas políticas hechas por la humanidad á costa de tantos dolores y de tanta sangre; envolviendo gran sacrificio para la menoría selecta, por civilizada é instruida de Venezuela, tener que renunciar tales conquistas y someternos políticamente, si queremos progresar, al rasero y forma de gobierno trasado que ha menester la gran masa de nuestros compatriotas analfabetas.
De derecho se debe decir la verdad á los pueblos, la cual en política es la comunión gloriosa de los hombres libres. Ya es hora de ser sinceros y de que apartemos por desastroso el convencionalismo que ha arraigado en el país, donde hace largos años se viene representando la comedia de ofrecer á los pueblos teorías políticas admirables en forma de leyes escritas, que con suma facilidad se violan y se reemplazan por prácticas dignas de Rusia ó de Turquía.
Este convencionalismo que inutiliza ó estorba la evolución social de Venezuela, se sostiene por falta de patriotismo en los gobernantes, y por la pereza con que gran