rés y heroísmo de Bolívar, y de contados de sus compañeros, pero éstos resultan unos utopistas, pues la idea de la emancipación y subsiguiente constitución de la República democrática de la Gran Colombia es un sueño como el de Platón, y los lirismos pesan sobre los pueblos, pues sólo lo práctico en política resulta conveniente. No se diga que el hecho mismo del triunfo de los patriotas sobre los españoles fuera la justificación de las teorías iniciadas en aquel tiempo, pues tal triunfo más se debió al espíritu impulsivo y tenacidad guerrera de los venezolanos que á la conciencia de sus derechos, pues las masas pobladoras acudieron á defender los pretendidos derechos del Rey y voluntariamente alistados, formaron ejércitos realistas los indígenas y mestizos y combatieron al principio con suceso favorable á Bolívar y demás caudillos patriotas, quienes habían tomado el nombre de los mismos indios y mestizos para proclamar la emancipación; todo lo cual prueba que la idea de la independencia no estaba en la conciencia de las mayorías pobladoras, y por consiguiente mucho menos la idea de la República democrática.
A mayor abundamiento, y para que careciese aún más de legitimidad el sistema repúblicano, democrático, representativo, utópicamente concebido por Miranda, Nariño, Bolívar y demás soñadores, entre los caudillos que realizaron la independencia hubo muchos que se afiliaron á la causa patriota como pudieran haberlo hecho por la bandera realista ó cualquier otra, ya que meros mercenarios impulsivos y atávicamente guerreros, solo combatieron para llenar una necesidad orgánica ó pensando en su conveniencia personal, con el fin de sustituir á los reyes de España en la ominosa explotación de las comarcas americanas: estos traficantes políticos á raíz del triunfo de la revolución, se apresuraron á forjar con el acero que habían esgrimido contra la metrópoli las cadenas con que debían oprimir á sus compatriotas.
Conseguida la emancipacion y dueños del poder que