los venezolanos la piedra angular sobre la cual se debe edificar el armónico edificio. Y para eso débese propender á la implantación de un régimen estable y sincero, y borrar de nuestra legislación todo lo que huelga en ella por inaplicado y esencialmente teórico, dado nuestro atraso político, pues nada se gana con que existan en lo escrito leyes muy buenas si no se cumplen. Es preferible abolir ó textar tales disposiciones si no existe otro medio de evitar su infracción. Curioso progreso éste que en lo político demanda el estado del país, pero indudablemente que tal cosa sería un verdadero adelanto, dado nuestro actual estado de leyes buenas y prácticas perversas. De la razia ó barbecho que se hiciese de ese fárrago de mentiras convencionales sólo deberían salvarse las leyes que estuviesen en armonía con las costumbres públicas, ó sean aquellas disposiciones cuyo anterior cumplimiento fuese la mejor garantía de su conveniencia; esta es la única manera de dar á Venezuela instituciones dignas de tal nombre, pués lentamente las necesidades de los ciudadanos harían sagradas las leyes que se fuesen dando, ya que esa misma necesidad engendra la costumbre y ésta es el origen de todas las legislaciones.
Como medio de no condenar el país, en el supuesto anterior, á perpetua inepcia y procurar el advenimiento del sistema democrático, federal, representativo, que debe ser perpetua aspiración de todo venezolano consciente, sistema que hoy sólo existe en teoría, debe procurarse á toda costa propagar una verdadera instrucción pública, hasta por medio de la importación de profesores extrangeros; se debe también restringir el voto ó derecho de elegir sólo á los que sepan leer; y garantizar este voto y la paz nacional y efectividad de las leyes creando la guardia nacional, con derecho de tener y llevar armas todo individuo que tuviese la calidad de elector; de esa manera quedaría formado un verdadero ejército nacional del cual estarían excluídos los analfabetas, y borrados de nuestras costumbres el ignomi-