Rusia, ni los aztecas sobre las huestes aventureras de Hernán Cortés; no obstante: toda infracción de una ley natural ó social informa el dolor.
Históricamente, no siempre los tiranos los hacen los pueblos; los cuales «muchas veces se dejan arrebatar sus libertades por algún aventurero audaz que se entroniza en el poder, y que se convierte en déspota insolente ó en tiranuelo aborrecible», pues en pueblos como el nuestro, donde el analfabetismo es tan considerable, sería injusto culpar á los gobernados de las faltas de los gobernantes, ya que aquellos sólo pueden ser considerados como víctimas inocentes ó factores inconscientes de los que han asaltado el poder á machetazos; y este desgraciado pueblo, á quien no se instruye, resulta en ese caso un menor de edad á quien es doblemente criminal tiranizar. Pero, en cambio, si la mayoría ignorante es irresponsable del mal gobierno, doblemente culpables son los cómplices de los tiranos que por cobardía, corrupción ó lucro personal, y en perfecto conocimiento de la obra antisocial que ejecutan, sancionan el despojo de las libertades públicas; y luego, aunque tales malos ciudadanos solamente hayan contribuido con su bizantinismo ó adulación, pues un pensador lo asentó así cuando dijo: «Más males causa la lengua del adulador que la espada del tirano.»
Naturalmente, que alguna parte, y no pequeña, corresponde en la liquidación social de una nación, á los buenos elementos; ó sea á los ciudadanos bien inspirados que á la vista de los males de la Patria se abstienen de tomar parte en la cosa pública, por no contaminarse, como ellos dicen; estos indiferentes son en verdad grandes culpables, pues siguen viviendo y trabajando, para suministrar con el sudor de su frente los elementos materiales que llevan á prolongar indefinidamente la anómala situación, y si fundan hogar en tal país y procrean hijos, no han hecho otra cosa que haber aumentado su iniquidad formando con su sangre nuevos esclavos. Con sobra de razón los atenienses