
S indudable que la falta de principios de Economía Política y de administración pública, junto con la tendencia desmedida de ciertas clases sociales á vivir únicamente del presupuesto de gastos generales, conduce á las naciones ricas y civilizadas paso á paso á la ruina, cuyas tendencias mantienen los países nuevos é incipientes en constante atraso y miseria, por consecuencia de la falta de instrucción, de seguridad para la propiedad y para la vida y de leyes efectivas, todo lo cual origina un profundo malestar político; perpetua génesis de guerra civil.
Es de lamentar tener que vivir en un país desorganizado, y los hombres de orden y de trabajo, que constituyen la sangre nacional, no tienen entonces más camino que la emigración, la cual se impone por desgracia para muchos de los habitantes de la América del Sur, donde al cabo de casi un siglo de fracasos políticos la vida es un tormento, porque se hace más y más imposible el implantamiento de la verdadera República.
Los errores económicos en que incurren los gobiernos imposibilitan el desarrollo de la riqueza y esto barbariza el país; pues en el concepto moderno quien dice riqueza dice civilización, que no puede existir donde el trabajador es paria social ó no se le protege debidamente, pues se le condena á perecer de innanición ó engrosar la clase de los pulpos políticos.
Sin embargo, hay que fijarse mucho en lo que consiste la protección que demanda el trabajador: á quien debe dársele en primer lugar libertad plena en la esfera de su trabajo, garantizándole al mismo tiempo la seguridad más completa á su persona y al capital producido por su esfuerzo civilizador y benéfico. Corresponde también al gobierno cuidar que la instrucción se dé á los asociados en calidad y en cantidad suficiente; y por último, está obligado á gobernar lo menos posible, á simplificar la administración pública y abaratarla, y remover los obstáculos naturales que como la falta de caminos entraban el desarrollo de la riqueza.