En oposicion á estos sanos principios se ha inventado por los explotadores de los pueblos, el errado sistema que para engañar á los ilusos han dado en llamar Proteccionista, en virtud del cual los gobiernos poniendo en juego medidas directas pretenden hacer adelantar la agricultura, la industria y el comercio nacionales. Fijándonos en que la principal de esas medidas es la elevación de las tarifas aduaneras, bajo el pretexto de fomentar la industria nacional, se advierte lo falso de tal proteccionismo, pues en provecho de unos pocos productores interiores se pecha á la gran masa de los consumidores; pero no es esto todo, pues los crecidos impuestos aduaneros que pagan los habitantes del país de manera indirecta, es dinero injustamente tomado por tales gobiernos para sostener una complicada y costosa red administrativa, país de promisión para todas aquellas clases que créen tener derecho á que la Nación los mantenga sin trabajar, ó dicho dinero va á fomentar el peculado y demás vicios gubernativos.
El libre cambio y con él la baja de los impuestos, es la manera más efectiva de desarrollar la riqueza privada y la pública, pues de esa manera se establece y fomenta de modo natural la única industria que puede tener el país; establecido ese régimen de libertad, de justicia y de igualdad todo mundo se aprovecha: gobierno, productores y consumidores. Tal libertad apareja para una nación progreso y gran adelanto industrial, pues se atrae el capital y la emigración extrangera y las entradas fiscales se aumentan en relación directa con la prosperidad pública, ya que es un error grosero creer que los impuestos excesivos producen más al gobierno que los impuestos moderados: las tarifas aduaneras altas sólo benefician á los contrabandistas y á los falsificadores, empobreciéndose con ello la nación y perjudicándose el fisco, desde el momento mismo en que se hace de mejor condición al comercio clandestino sobre el comercio honrado. Como bien lo observa Say, á los impuestos moderados todo mundo se somete, y al no tener nadie interés de desfraudar, por el bajo precio de los artículos se aumenta el consumo y los impuestos producen una suma muy grande. El desgraciado sistema rentístico que consiste en apretar la naranja para sacarle de una vez el mayor jugo posible, es injusto por ser un ataque directo contra la propiedad, y estúpido por que se asemeja al procedimiento del salvaje, quien corta el arbol para cogerle el fruto.
Gobierno que tal hace, practica medidas de administración turca y por eso es altamente inmoral, pues no correspondiendo á los fines de su institución, que le impone el deber de ser padre de los asociados se convierte en ladrón, como cómplice de falsificadores y contrabandistas; tanto más si no invierte el