dinero injustamente arrebatado en abrir caminos y fomentar la instrucción pública.
Otras medidas de ese proteccionismo falaz se dirigen á hacer abaratar el tipo del interés del dinero persiguiendo á los prestamistas, por medio de leyes de espera y quita, tasas a la renta del capital, dificultades para la ejecución, privilegios bancarios y monopolios diversos, leyes estultas que empobrecen el país alejando el capital, y las cuales, propiamente persiguen ó vuelven de infeliz condicion á los trabajadores que tienen que tomar dinero ageno para sus empresas.
I como corolarios del proteccionismo dicho, el gobierno toma una ingerencia directa en la industria, haciéndola oficial, que es una de las peores calamidades que le pueden caer á una Nación; ó reglamenta como debe de trabajar el individuo y lo que debe de hacer de su persona y capital; o simplemente pecha la industria que se ejecuta con máquinas y procedimientos modernos y deja libre la que adopta procedimientos rutinarios, lo cual es una barbaridad económica digna del interior del Africa.
El interés individual es el principal factor del progreso y de la riqueza de un país si lo secunda la libertad y la libre concurrencia, que es la competencia recíproca de dos ó muchas personas que aspiran á las mismas ventajas y se esfuerzan en obtenerlas. La libre concurrencia es un acicate poderoso que hace aumentar y abaratar los productos, aumento y baratura que implican: beneficio para el pueblo y consumo grande y rápido.
Ningun gobierno puede abrigar la ilusión de conocer la conveniencia individual, cuyo conjunto es la conveniencia pública, mejor que los interesados, y si el mandatario reglamenta la producción, entraba la libertad, ataca la propiedad y destruye la riqueza privada y también la pública, porque se sitúa ó ocupa el puesto de un tirano ó déspota vulgar. El dueño de la cosa, en materias de propio interés, es mejor juez que nadie.
Mérida, Noviembre de 1910.