zorra: á mí no me conviene quedar aquí, y es preciso que me vaya. ¿Por qué temes? dijo el gallo. ¿No hay paz entre nosotros? Te ruego que no te vayas, pues luego que estén aquí los correos, bajaremos nosotros y celebrarémos juntos, como tú decias, este dia. Los correos eran los lebreles. La zorra no quiso esperarlos, y se escapó; y el gallo se puso á reir entónces, burlándose de la zorra.
Muchas veces con palabras amistosas nos engaña el enemigo; es menester vivir advertidos, pues muchas zorras corren en esta vida.
Debajo de la miel, está la hiel.
La Muger y el Marido difunto.
Una muger sentida, triste y llorosa por la muerte de su marido, se fué á una casa cerca del cementerio, donde estaba enterrado, para pasar allí sus dias de luto y de tristeza. En el mismo tiempo un hombre cometió un delito, por el cual fué ahorcado por la justicia, y despues segun costumbre pusieron al ajusticiado un soldado de á caballo, que le custodiase de dia y de noche para que nadie le quitase. El soldado fatigado de la sed fué á la casa en que vivia la muger á pedir agua para beber, y viéndola le agradó en estremo. Con este motivo iba el soldado muy a menudo para tener un rato de conversacion, dejando al ajusticiado abandonado en el suplicio. Al principio la consolaba, despues requebrándola se enamoraron los dos. Sucedió una vez que estando divertido y holgándose con ella, le hurtaron el ahorcado.