les: juntad estas con las vuestras, y ya podrémos hablar y escribir las leyes de Licurgo. No tardes en enseñarnos, le dijeron sus compañeros; mas el asno que esperaba esta resolucion, alza el ocico, enristra sus orejas, empina el rabo, y formando un ronco marmullo en su guargüero, le pasó á sus anchas narices, y despidió cinco rebuznos, de los que cada uno era una de las cinco vocales, A, E, I, O, U. Pero el caso fué, que al oir el primer rebuzno, fué tal la gritería del concurso, que al concluir el asno sus temibles vocales, faltó poco para que todos diesen con el asno en tierra: vaya fuera el doctor, decian unos; palos en el burro, decian otros, y concluyeron todos: no queremos cinco vocales, que son otros tantos bocados del doctor asno.
La paga del ignorante que presume de sabio, debe ser la burla y el desprecio.
Si mucho y bien estudias, sabrás algo; pero si poco y mal entendido, serás ménos que el doctor asno.
La Raposa y el Lobo pescador.
Estando la raposa comiendo un pescado cerca de un rio, llegó un lobo con hambre, y pidió que le diese parte del pescado que comia. La raposa le dijo: señor, no me hables de esto, porque no te seria muy decoroso, que tú comieses de las sobras de mi mesa; no quiera el cielo, que te abandones en tanto grado; pero quiero darte un consejo. Tráeme aquí una cesta, y te enseñaré á pescar: de manera, que cuando te faltare de comer, á lo mé-