clemos en las compañias no conocidas; mayormente con aquellos, en los cuales se ha hallado una vez engaño, y fraude: Dos compañeros caminaban en uno por montes, y valles, y caminos llanos, y asperos, en tanta concordia, que se prometian, y ofrecian de no se desamparar, por muy grande, y adversa fortuna, que les sobreviniese. Ellos no habian acabado de hablar sus ofertas, he aqui donde pareció un oso: que venia para ellos El cual visto, el uno de ellos lo más presto que pudo, comenzo á huir, y subióse en un arbol. Mas el otro compañero, conociendo que no podia huyendo escapar, echose tendido en tierra, como muerto, de tal manera que ni respiraba, ni se movia. Y como el oso lo volviese de una parte á otra, llegando su rostro á su boca, y oreja, como tenia el aliento sin respirar, y sin se mover en parte alguna, el oso sintió, que el hombre era muerto, y sin vida, por cuanto los miembros de él eran enfriados, y el calor natural era apartado de sus huesos por el gran miedo, y espanto; y asi creyó el oso que fuese cuerpo muerto, y por cuanto no es de su naturaleza comer de semejantes carnes muertas, asi lo dexó yacer, sin le hacer mal, ni lesion alguna, tornandose para su cueba. Despues que el oso se fue asi, decendió el otro del arbol, diciendo á su compañero: Ruegote, que me quieras decir, qué cosá tan secretamente el oso te hablaba á la oreja, cuando tan largamente eras puesto en gran espanto, y angustia de la muerte? El cual respondio: Por cierto muchas , y diversas doctrinas me enseñó, y especial una, la
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