no saben la virtud de la Margarita, y asi no pueden chupar la miel de estas flores y á estos poco aprovecha leer, salvo tan solamente para haber solaz de las palabras materiales.
FABULA II.
Del Lobo, y el Cordero.
El Isopo, del inocente, y sin culpa, y del improbo, y malo recuenta tal Fabula. El Cordero, y el Lobo, cada uno por su parte, vinieron a beber al rio, el Lobo bebia arriba, y el Cordero mas abaxo en el agua. Y viendo el Lobo al Cordero, dixole: Por qué me has enturbiado el agua, en tanto que yo bebia? Resdondio el Cordero con paciencia: Como te puedo yo enturbiar el agua que corre, de donde tu bebiste á do yo bebia? El Lobo no curando de la verdad, ni razon, dixole: y por eso me maldices? Respondió el Cordero: No te maldixe yo. Entonces el Lobo, mirandolo de través, dixo: seis meses ha que me hizo otro tanto tu padre. Y respondió el Cordero: yo en ese tiempo aun no era nacido. De cabo dixo el Lobo: Por qué me has destruido mi campo, paciendomelo? Dixo el Cordero: Por cierto aun no tengo dientes para pacer, y asi no te he hecho daño alguno. Finalmente, dixole el Lobo aunque no pueda soltar tus argumentos, empero yo te entiendo cenar, y despues de cena holgar contigo, y asi tomando el cor-