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Página:Francisco de Goya (Vol. I de Monografías de arte universal).pdf/37

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Goya y el Ro-co-có

por sus caballeros, ó acuden en animadas giras á pueblecillos cercanos, en donde, como remembranzas de pasados tiempos, hallan sugestivos espectáculos de farsas, charlatanes y danzantes. La gallina ciega y las inofensivas burlas de que son objeto los músicos ambulantes, proporcionan también lindos asuntos; como asimismo el elegante gentío que inunda tumultuosamente la Puerta del Sol en los días festivos, y los tónicos petimetres con sus monóculos y su aire conquistador. Esto en cuanto á los asuntos; por lo que al estilo se refiere, las obras de Goya difieren completamente de las de los pintores franceses de su época. Tienen, en primer lugar, un gran sabor local, carácter y color castizamente españoles.

No es aquel el color tierno y almibarado, ni aquellos los movimientos deliciosamente delicados que admiramos en Watteau y en Laucret. No; descarado, casi grosero, Goya ofrece violentos contrastes de color, emplea rojos y amarillos chillones, y con brutal realismo copia el bermellón con que las damas arrebolan sus mejillas y las obscuras pinceladas con que agrandan sus negros ojos, la tiesura y rigidez con que los vestidos ocultan toda la belleza de la forma y la