tan profundamente nos impresiona en la novela de Tolstoi, „La Guerra y la Paz", rara vez aparece en la historia del arte. Rubens puede ser citado como un ejemplo. En su cuadro alegórico de la Pitti Gallery, pintó los horrores de la guerra; y un letrero explica claramente lo que el autor pensaba acerca de ella: „Esta afligida mujer enlutada es mi pobre patria arruinada por las Furias de la Guerra." También podemos recordar los grabados de Callot que nos hablan de las escenas de horror de la Guerra de los Treinta años. Pero no tenemos la seguridad de que Callot quisiera censurarlos en sus obras. ¿Tuvo ocasión de contemplar con sus propios ojos estas escenas de matanza? ¿Es una especie de pesimismo lo que le induce á combinar lo burlesco con lo terrible, ó es que el artista del período del Ro-co-có se deleita reproduciendo las pasiones impuras y las escenas de desenfreno? En una palabra; las obras de Callot no nos conmueven porque no nos parecen copias de la vida real. No sentimos nada, mejor dicho, nos parece que el autor tampoco ha sentido nada al ejecutarlas.
Pero, cuán distinto es lo que experimentamos ante las obras de Goya. Él es el primero que deliberada y