las imágenes de los cuentos de Scherazada, son estas casitas de madera del viejo Stambul. Apenas abierta la puertecilla, hállase uno en la penumbra de un largo pasillo. Un criado descalzo abre los aposentos del selamlik, que es la parte del hogar reservado a los hombres. Dentro, encuéntranse algunas mesitas bajas cargadas de cajetillas de cigarrillos, algunos taburetes incrustados de nácar, algunos divanes cubiertos de telas rojas, algunos armarios cerrados. Es todo lo que un musulmán puede enseñar. En cuanto al haremlik reservado a las mujeres, es un antro sagrado. Pero si el occidental lograra penetrar en él, tampoco vería sus sueños convertidos en realidades. Los aposentos femeninos no son sino habitaciones como las de los hombres, y en ellas las mujeres, lejos de esperar reclinadas entre cojines la visita del amo, llevan una vida activa de familia.
Lo único que aun hace pensar en las escenas imaginadas por los poetas es la hora en que las favoritas de los bajaes y de los beys hacen su toilette. Ah, con qué facilidad se ha conservado siempre igual, siempre ritual, la coquetería de las damas turcas! La más refinada de las parisienses no tiene una idea de lo que una oriental necesita para creerse bella. Con un cuidado religioso, las esclavas tiñen a sus amas, cantando tonadas adormecedoras, las uñas de los pies y de las