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Página:Gómez Carrillo - Ciudades de ensueño (1920).pdf/31

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bastante para llenar de embeleso el alma del peregrino apasionado que no interroga de un modo muy preciso y muy docto.

¿Interrogar?... ¿ Asomarnos ansiosos al borde de los arcanos?... Tratar de descubrir el alma del pasado entre las incertidumbres del presente?... Preguntar su edad a cada piedra?... Uno de los últimos romeros que quísieron hacerlo, el irritable y docto Peladán, no consiguió sino amargar sus días hierosolimitanos.

Por mi parte, después de algunos experimentos desilusionantes, prefiero seguir mis paseos como un espectador ingenuo. Cuando encuentro una fecha grabada en una estela, creo en ella. Cuando un monje me dice un nombre sagrado, me inalino sin discutir. Cuando una mano piadosa me indica un camino venerable, lo sigo de buena fe.

"Que nous fallait avoir foy des lieux saints qu'on nous montrerait, ou si ne vollusme estre tels, ne prissisme point de palme", decía hace muchos siglos un peregrino ilustre, que era, al mismotiempo, un gran sabio. ¿Por qué, pues, no hacer como él? ¿Por qué comprometer nuestra parte de paraíso ilusorio en una vana embriaguez de análisis?

Resignándome a no ser sino un curioso, gozo de goces inefables. Ignorancia de un Pierre Loti, cuán más feliz eres que la sabiduría de un