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GESTA

que pudieran servir de cabeza á un proceso moral hecho por cualquier patólogo.

¿Y las ideas? ¿Dónde están? ¿Se han ido ó es que nunca las he tenido? ¡Qué suplicio! ¡Sí! las ideas se han ido y al irse han dejado una huella dolorosa. Me duele el cráneo. Me duele con un dolor que se diría producido por un ensanchamiento de huesos. Ya no veo nada; hay una venda en mis ojos. Un momento más y caigo en el anonadamiento absoluto.

¡Qué lejos estoy de todo! Si así me sorprendes ¡oh vieja pálida!—en este estado de marasmo,—ten por seguro que no sentiré tus pasos. ¡Qué chasco vas á darte!

Siento y veo laxitudes en el cuerpo y opacidades en el pensamiento. He llegado á ese estado en que se lamenta el olvido de todo pero en que se tiene la conciencia de la inconsciencia. ¡Oh espíritu, oh alma, oh luz!

Indudablemente es el peor de los estados; preferible, mil veces, es el aniquilamiento completo.